(Mi amigo gay) Gustavo: Mi vida sin mí

By machinxd

El “gustómetro” sirve para medir la aparición de palabras orientadas al sexo en las conversaciones que sostiene con diferentes personas. En un país de pasiones seudointelectuales, incluso sus adversarios hablan con respeto de las marcas rotas por este redactor. Recorría la salas del Taller de Periodismo de una universidad privada en Perú cuando se acercó de manera fugaz para hablar conmigo. Minutos después me contaba de un movimiento pacífico de oposicionados. “La gente nueva viene con ilusiones, pero sólo yo conozco la crisis”, fue lo que en resumen me dijo sobre lo que me esperaba, sus palabras eran, como el decía, “Clases de Supervivencia I”. Hablamos caminando entre cigarros y gestos. A cada tanto, los comentarios sobre la resistencia y la necesidad de cambio eran interrumpidos o por una referencia del jefe o la mirada insólita de neófitos como yo. Después de criticar al jerarca, hablamos con reverencia, o mejor dicho fue un monólogo de su parte, de música, cultura, nombres de grandes personas que sonaban de tipo varón, pero resultaban ser de una dama y viceversa.

  

No hay persona más adiestrada en la paciencia que Gustavo. La juventud de este dilata el tiempo y la arquitectura de lo que escribe lo detiene. Gustavo Basta Chipoco, un hombre trigueño y pequeño, pero a menudo grotesco, que balbucea ideas incoherentes para quien lo escucha, que a la vez las acentúa con graznidos ofensivos, gritos y risa histérica, es adicto a muchas cosas. Fue dotado con un cerebro descomunal y devastador, que lo hace confundir el sexo con la redacción como si fuese Hunter S. Thompson.

  

Completamente malsano, debido a su excesivo y múltiple consumo de drogas, fue sin embargo, técnicamente hablando, su adicción a la escritura rápida lo que lo hace grande. Un personaje tan lleno de brío y veneno como Thompson, él no puede soportar vivir al lado de seudointelectuales y aceptar la inmovilidad que estos le causan. ¿Qué sería de el sin sus locuras? Quizás, estas cosas son las que le dan la mejor vida de todas.

  

Su lista de dependencias es tan vasta que una rápida enumeración es inútil pero necesaria. Es adicto al cigarro, a la velocidad, al inconformismo, drogas, falsificación, los deportes, los viajes, la música, el cine, el sexo. Sin embargo son sus análisis el elemento más explosivo y cándido de su vida.

  

En situaciones difíciles, con sus anteojos grandes y su cigarrillo en boquilla, Gustavo grita “¡Maldición! ¡Soy un doctor del periodismo!”, y cuando se encuentra realmente en problemas reflexiona en su mente con ironía “más te vale que me ayudes Señor o sino me vas a tener entre tus brazos”.

  Entre los álbumes que ha escuchado están STICKY FINGERS de los stones y BRINGING IT ALL HOME de Dylan. Amante del caos y la contradicción. Del café con media cajetilla de cigarrillos LUCKY STRIKE NITES, superdotado en cine, cerebro legal y gran editor, el mejor caza drogas y mujeres del Perú.

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